Alguien tocaba con insistencia el timbre. Habíamos amanecido en su apartamento y dormíamos con la boca abierta. Lo evidenciaban dos pozos de saliva a lado y lado de la almohada. Llegamos bebidos y encontramos su puesto ocupado por un Lada blanco. Era muy de madrugada. Veníamos cantando el «Miserere» y bebiendo Jack Daniel’s como locos.