Alejandro Magno se enfrentó al ejercito persa, por segunda vez, en los llanos artificiales de Gaugamela a una treintena de kilómetros de la triste y actual Mosul. En un alarde táctico llevado a cabo por él y su guardia personal llegó a herir al mismo Darío en una maniobra que se explica en cientos de Academias militares como una de las grandes genialidades de este rey macedonio.