No es lo mismo el que graba la violación de un niño que el que cambia fotos a través del correo sin ánimo de lucro. Es cierto que los consumidores de este tipo de pornografía son cómplices, porque no existiría una industria del sexo infantil si no hubiese demanda. Aunque tampoco habría narcotráfico sin drogadictos y no por eso se debe perseguir al consumidor“.